LA CANCIÓN DE PATRICIA

Hace poco sorprendimos a Patricia contoneándose delante de la tele al ritmo de la última banda sonora, de la campaña publicitaria de la Junta de Andalucia. Una versión aflamencada del "Can`t take my eyes off you", que interpretada por Alba Molina, se ha traducido como "No puedo quitar mis ojos de ti". Luego nos dimos cuenta de que cada vez que ponían el anuncio, la niña acudía como alma que lleva el diablo y se quedaba mirando con los ojos como platos, mientras su cuerpecito trataba de seguir el ritmo. Le pregunté que si le gustaba y ella me dijo que sí. Desde entonces esta es "su" canción. Patricia, ajena a las cuestiones de autoría, traducciones y demás, dice que la canción se llama "te quiero mucho". Se ha aprendido la letra, hasta el "lerelerelerelere". Lo que sucede, es que ahora cada vez que escucha una canción "aflamencá" con un lerelereleré, ya piensa que es "su" canción, y luego se decepciona cuando no resulta ser "te quiero mucho". Yo ya me la coloqué en el mp3, y así me acuerdo de ella donde quiera que esté. Os dejo con el vídeo de Alba Molina y la canción de Patricia.

SEMBRANDO

Que sean pequeñitas no significa que no puedan ir aprendiendo cosas. Poco a poco, eso sí, y jugando, porque a esta edad, creemos, que el mejor modo de aprendizaje es el juego. De esta manera, un día hablábamos con Julia y Patricia de las plantas, y se nos ocurrió plantar una. Compramos el tiesto y unas bonitas regaderas de juguete. En un principio íbamos a sembrar cilantro, que nos gusta en las ensaladas, pero se me perdieron las semillas (¿dónde las habré puesto?). Pensamos que las lentejas estarían bien porque crecen muy rápido. Y así fue, a los pocos días, brotaron. Y cada día Julia y Patricia las riegan y "les dicen cosas bonitas".

En la piscinita

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Como la piscina de lela Tonchi y lelo Juan estaba en obras, en el patio instalaron esta. A ellas les dio igual: donde hay agua, hay diversión.

LO QUE MÁS ME GUSTA


Si algún día me preguntaran que es lo que más me gusta, gritaría sin dudar que perseguir el reguero de dinosaurios que me deja tu alegría; besar tus pies por la noche al meterte en la cama; besarte, besarte, besarte donde tú quieras, pero besarte; dejar caer mi melena sobre tu rostro mientras fingimos que es un barba varonil que te cosquillea; recibir tu abrazo sin mayores explicaciones cuando paseamos en un parque; cantar juntas alguna de tus canciones favoritas; construir piscinas, castillos, robots; leer cuentos en el suelo o en el sofá; oírte reír a carcajadas; darte pequeños bocaditos sin dientes; llevarte colgada de mi espalda por toda la casa; ponerte sobre mis piernas flexionadas mientras tú te conviertes en un avión pequeño que limpia planetas "pestosos", o enseña canciones a las estrellas; fingir que somos otros en un juego sin fin; verte perseguir palomas, con malas intenciones; buscarte lunares nuevos o crear alguno, a golpe de lápiz cosmético, cuando no los encuentras; sorprenderme a las tres de la madrugada pisando algún cachivache que dejaste en la cocina, y me recuerda que estás dormida... Así, seguiría en una lista eterna llena de ti. Porque has de saber carnecita mía que, lo que más me gusta del mundo, eres tú.

Para Julia y Patricia, a las que adoro juntas y por separado.

FERIA DEL LIBRO: CUENTOS NUEVOS


Aquí, como en otras muchas ciudades de España, se celebra durante la primavera "La Feria del Libro". Dura una semana más o menos. Se ubica en una plaza muy céntrica, que en mi humilde opinión no es el asentamiento más adecuado, aunque sea bonito, porque cuando hace un poco de calor, no hay quien pare en los establecimientos. Los que conozcan Badajoz, puede que convengan conmigo en que resultaría más conveniente la celebración en un parque como el de Castelar.
Este año, hemos ido los cuatro juntos. No sólo acudes a ver libros, sino que también se celebran algunos espectáculos. Nuestra intención era verlos, pero a Julia no le gustaron nada las multitudes, se echó a llorar desconsoladamente, y tuvimos que salir corriendo, primero, del espectáculo de cuentos y la siguiente vez que acudimos a la feria, del que daba el Mago Emilio. Sobra decir, que estábamos en primera fila, y tuvimos que liar un jaleo tremendo para salir de las funciones, que estaban hasta arriba de gente.
Situaciones estresantes a parte, les compramos un par de libros de la colección "Mi pequeña biblioteca" de Yoyo, que publica en España, Planeta S.A. (precio 4,95 euros). Uno se titula "Mi cuerpo", el otro "La granja". Son libros de página de cartón , con un dibujo de lineas limpias, muy sencillo, con colores vivos, y letras grandecitas.
Me ha gustado especialmente el de la Granja, por que permite a los niños que no han visto un animal en su vida (como es el caso de las gemelas), saber de donde salen los productos que normalmente tomamos. Me explico; en una página dibujan una gallina, y en la de al lado, media docena de huevos, o un litro de leche al lado de una vaca, así puedes explicarle al niño que estos productos no aparecen sin más en las tiendas, como puede que alguno de nuestros pequeños urbanitas lleguen a creer. Cuando llegué al trigo, vi que al lado había dibujado un saco y dos montones de harina, tuve una idea. Eché un poco de harina en un plato, la estuvimos tocando, la probaron, nos manchamos y quedaron encantadas. Además recurría al cuento, para que ellas vieran que eso no surgía de la nada, sino de un cereal que se llama trigo. Lo pasamos muy bien. Tanto, que la semana pasada, a la hora de la siesta, oí unos pasos descalzos en el salón, y cuando fui a mirar me encontré a Julia sentada en el sofá, con uno de los libros en la mano, haciendo ver que leía.

El del cuerpo también les ha gustado mucho, les enseña partes del cuerpo humano, hábitos saludables... Hay un dibujo de un esqueleto, que les ha enloquecido: "Se ríe, se ríe", dicen mientras miran el dibujo. Está bien, pero me recuerda mucho más a otros que enseñan partes del cuerpo humano. Además enseñan algunas partes que me resultan complicadas para que ellas puedan aprenderlas, e incorporarlas a su cuadro corporal. No sé, por ejemplo una imagen de una niña por delante, tiene una flecha marcando la garganta, en la siguiente la misma niña por detrás con una flecha a la misma altura, y se supone que se trata del cuello. Me parece complejo, y que pueda inducir a error.
En cualquier caso, merece la pena pasar un rato con ellas, leyendo cuentos. Se disfruta más de lo que parece. Por cierto, los abuelos les compraron más libros,y ellas están encantadas con sus nuevas adquisiciones.

JULIA: ARTISTA



Las madres somos unas exageradas, lo sé. Creemos que nuestras niñas son las más monas, las más simpáticas, las más listas... Pero, por favor, antes de tacharme de nada, echad un vistazo a la construcción que hizo Julia el sábado por la tarde. Según la autora es un auténtico robot de piezas de madera, con gorrito y todo. No la ayudamos nada, ni un poquito. Se puso sobre la alfombra y cuando nos dimos cuenta ya había montado el robot. Patricia dejó su construcción a medio hacer porque estaba ocupada con otros menesteres (aquello del pipí y la caca).
No es lo único que hace Julia a sus dos añitos y medio. Pinta caras, plátanos y se parecen a lo que ella dice que son. Las caritas vienen provistas de dos ojos, nariz, cejas, boquita y pelo, aunque las orejas las pone un poco separada de la cabeza (como a un centímetro más o menos). No he podido pillar ningún dibujo, porque los hace en una pizarra de estas que se borran de una pasada, y acaba con ellos antes de que me tiempo a hacer una foto. De momento no los hace sobre papel. Si consigo algún dibujo lo publicaré.

Por cierto, la fotografía ha sido amablemente aclarada y remitida por Velvetinna, asidua lectora y comentarista de este blog. Muchas gracias. Muacccccc

PIPÍ Y CACA

No me puedo creer que esté escribiendo sobre esto, ¡Ay Dios mio!... El caso, es que, el verano se acerca, ya tenemos dos años y medio, va siendo hora de ir dejando los pañales. Si con un niño, el asunto es complejo, con dos (como casi siempre) se disparan las alarmas. Dependes de varias circunstancias:
  1. Que las implicadas estén por la labor. Esto es, que les apetezca utilizar la escupidera. De momento, hemos estado mucho tiempo jugueteando con ella sin más, hasta que se han acostumbrado a su presencia. Para ayudarlas, también estamos quitándoles los pañales mientras permanecemos en casa. Así pasan varias horas sin ellos y aunque lleguemos tarde a la escupidera (lo que ha sucedido y sucederá en varias ocasiones más) toman conciencia de lo que supone tener ganas de hacer pipí, incluso pueden controlarlo (a veces).
  2. Tener muchas muchas braguitas (o calzoncillos). De hecho voy a comprar unas cuantas más, porque todos lo días estamos manchando como mínimo tres pares. Si eres propietari@ de una buena lavadora, y no te importa ponerla cada dos por tres, posiblemente puedas tener algo menos de ropa interior.
  3. Emplear las dosis de paciencia que te queden. Aunque pongas la televisión con dibujos animados, dejes cuentos, pelotas y lo que se les antoje cerca, tendrás muchas, muchísimas papeletas para tener que pasar media tarde sentad@ cerca de alguna de las implicadas (o entre las dos) . Ahí tendrás que darles palabras de ánimo o simplemente compañía. Eso por no hablar de que aunque el salón esté oliendo fatal (palabrita), es posible que estés ante dos espécimenes que niegan que estén haciendo caca, y te digan que no han terminado (con su mejor gesto de indignación, en plan: "¿Yo haciendo caca, ¡Señora como se atreve!"), por lo que te verás obligada a prorrogar tu estancia en semejante ambiente hediondo, hasta que tu paciencia rebose.
  4. Imponer una pequeña rutina. De momento me he decantado, tal y como he dicho, por quitarle los pañales cuando nos quedemos en casa. Así , las tardes hasta la hora de salir de paseo son "libres de pañales", y las mañanas de los fines de semana también. Espero que en un par de semanas, también podremos dejar de llevar pañales para salir a la calle. Total si voy pertrechada de; agua, muñecos, toallitas, pelotas, gusanitos, ... no me importa llevar dos pares de bragas más.
  5. Tener la palabra adecuada, en el momento preciso. Si metes la pata estas perdido. Me pasó con Julia y ha estado más de un mes sin sentarse en la escupidera. Esto de hacer orinar y demás, proporciona a las niñas, una sensación ambivalente. Por un lado se sienten felices, por otro, creen que se hacen mayores, y de momento se niegan a ser crecer. El primer día que Julia lo hizo, estaba muy feliz, hasta que se me ocurrió decirle "¡Qué bien, como una niña mayor!". Momento en que se echó a llorar y decidió no sentarse más en la escupidera. Ha pasado casi un mes hasta que ha vuelto a hacerlo. Ahora les digo cosas como "¡Campeonas!, ¡Valientes!..." o el muy socorrido "¡Bien, bien!". Nada que tenga que ver con la edad. De hecho Patricia estuvo triste porque pensaba que se hacía mayor, así que tuve que cogerla en brazos, y decirle que no, que era igual de pequeña que antes pero que había que aprender a hacer esto. ¡Que complejos somos los humanos!.
Paciencia, buena voluntad, y las mejores palabras. Preparaos para lavar y reíros un montón. Ayer las dos me explicaron que el pipí es bueno, naranja, pero bueno. (no sé que tendrá que ver el color con la bondad, pero es así). Además Patricia, mientras intentaba convencerme de que el pipí de su hermana sería azul, y no naranja (¡Dios nos libre!) mantenía que su caca era buena y "sosa" (entiéndase preciosa). Me pidió que la cogiera, me abrazaba y lloraba un poquito. Yo la abracé, le acaricié la cabeza y contesté algo así como, "esto es muy duro" (me refería a aprender), y ella llorisqueaba y me decía "Sí, sí muy duro, muy duro". Me mordí el labio, y su padre sonrió porque era un puntazo verla.
Por cierto, hemos incluido un ritual que a ellas les anima: Decir adiós a la caca y el pipí (chist, no os riáis que habrá que veros en estas circunstancias). Consiste, en que una vez que hemos terminado de "obrar" (expresión empleada por mi abuelo para estos menesteres), las gemelas vienen con nosotros a tirarlo al váter, los papás tiramos el contenido de la escupidera (no sea que haya algún accidente), le decimos adiós con la manita (a distancia) y la autora de las defecaciones, cogida en brazos, tira de la cadena, momento en el que aplaudimos y gritamos ¡Bien, bien!.
No sé si os servirá de algo, pero llevamos dos días victoriosos, parece que funciona. De todas formas, si algunos de los lectores de este blog, conoce métodos para estos menesteres, que no dude en ponerse en contacto con nosotros, para echarnos un capote.