
Cuando vamos a los parques corren, persiguen a los pájaros, tratan de quitarle los juguetes a los niños, de vez en cuando se caen, y lloran un poco.
Son muy coquetas, y les encanta ponerse abalorios: gorros, collares, pulseras, coleteros que les hago pasar por pulseras, cosas brillantes. Ayer casi tuve que traerme arrastrando a Patricia de un bazar chino, porque le encantaban los collares de plástico que tenían colgados.
Además ahora han inventado un nuevo deporte, consistente en empujar para todos los lados el andador que le han puesto a mi madre, a raíz de su operación de cadera. Es algo divertidísimo, según su criterio. Ayer casi lo hacen desaparecer, lo habían escondido por la casa, como sólo saben hacerlo ellas.

Cada día algo nuevo, sin dejar de sorprender a todos los que las rodeamos. ¿Qué nos esperará hoy? Sorpresa.
5 comentarios:
¡Que ternura de post!
Enhorabuena por ellos y por saber disfrutarlos.
J.J.
jajaja...vaya par!!!! Me parto con las anécdotas de esos dos bichitos...son tremendas...¿eh?
Besos
Aunque a veces no os dejan dormir... ¡Ja, ja, ja!
Un besazo a los cuatro.
Todos los días una sorpresa, sí, que te hace disfrutar de las pequeñas cosas de la vida con más intensidad que nunca.
Es un placer estar con los críos.
Gracias a todos, a mi es que se me cae la baba, doy un poco de vergüenza, propia y ajena. Y luego me da corte comentar vuestros comentarios, porque me siento maternalmente ridícula. Si eso es posible.
Besos a todos por duplicado.
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