AFRONTANDO LA COMIDA



Las gemelas se van incorporando a las comidas familiares. Los fines de semana acudimos a comer con los abuelos, y allí ellas se sientan en sus sillas de director, de estas que se atan a las sillas normales, quedan así a la altura de todos los demás y comienza la diversión. Sus abuelos y tíos, están deseando suministrarles unas pequeñas cucharas de verdad, nada de látex, ni plástico, de acero inoxidable de toda la vida. Las golpean contra la mesa, hacen ruido, chillan, lo pasan bomba. Cuando se aburren, y los demás comenzamos a servirnos la comida, ellas hacen lo propio, comer de los platos de los demás, y ahí podemos ver una vez más las diferencias entre ambas. Mientras que Patricia, a la chita callando mete la cuchara en el plato de arroz, o en la tarta de su abuela, o de su tía, y chupa sustancia que saca. Julia, a grito pelado, ataca la fuente que se encuentra en el centro de la mesa, y que le ha sido acercada estratégicamente por un "alma caritativa". Ella grita, rasca con la cuchara, vuelve a gritar, se mete lo que sea en la boca, emite un ruidito de satisfacción, y vuelve a empezar. Se emociona tanto, que a veces le da besos a quien tiene al lado, para agradecerle su colaboración desinteresada. Patricia, por su parte, no se queda atrás, ataca el plato de su "pareja" (su tía, su abuela), y sólo lo abandona cuando se está acabando momento en el que acude a la fuente principal, como su hermana, eso sí, ella está tan concentrada en comer, que no dice ni pio. No es que saquen gran cosa de las cucharadas, pero ellas se entretienen, prueban sabores más normalizados, y nos hacen disfrutar a todos.
La fiesta, como todas las cosas buenas de la vida, concluye, cuando su padre y yo, pedimos que les retiren la pitanza. Ellas sueltan un "¡ohhhh!", síntoma evidente de su decepción, y los demás no lo hacen porque se creen que ya son mayores y les da vergüenza mostrar su decepción. El domingo la expresión utilizada por Patricia, tras atracar la tarta de chocolate casera del cumpleaños de su primo Juan Pedro, fue "Tadta, ¡ohhhh!", nos gustaría que repitiera la palabra, pero tras decirla dos veces esa tarde, estamos seguros de que no volverá a hacerlo en una buena temporada.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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